El reposo de tu mandíbula.

Solemos hablar mucho de las funciones de nuestros dientes y nuestra mandíbula, tanto de día como de noche, pero ¿qué hace nuestra mandíbula cuando no hace nada? 

A diferencia de lo que mucha gente cree, cuando la mandíbula está en reposo no está cerrada, sino que cuelga del cráneo y queda liegeramente abierta entre los dientes. Esta cuestión es especialmente interesante para todas aquellas personas que practican técnicas de relajación consciente y que tienen interés en observar a esta poderosa articulación en ausencia de actividad. Ese espacio libre interoclusal sin embargo es realmente pequeño, mide apenas 2 milímetros de incisivo a incisivo, y el alineamiento de la mandíbula en 8 de 10 personas no presenta desviaciones ni hacia delante, ni hacia detrás, ni lateralmente.

La mandíbula en estado de relajación está sujeta por una red elástica de músculos, tendones y tejidos entre los que se incluyen la lengua y los labios. Y esa red absorbe el peso del hueso de la mandíbula, cualquier presión ejercida en dirección opuesta y la postura de la cabeza, sin perder de vista el tono muscular; es decir, no cuelga desactivada sin más sino que siempre se encuentra disponible y dispuesta al movimiento en un tono perfectamente equilibrado. Curiosamente, ese tono muscular reacciona con asombrosa sensibilidad a nuestros estados emocionales, y a la información nerviosa suministrada por la mucosa oral y los receptores de la articulación.

Por lo tanto la mandíbula en reposo no cuelga sin más sino que permanece amortiguada en un estado cambiante que se adapta a diferentes factores. De hecho, la posición neutra de nuestra mandíbula puede cambiar de la noche a la mañana si por ejemplo nos sometemos a una extracción y nuestro equilibrio mandibular cambia. El envejecimiento, el desgaste, cambios en los retenes oclusales o ciertas posturas mandibulares como la maloclusión son otros factores que hacen que nuestro equilibrio mandibular se vaya a adaptando. Así, en otro ejemplo, en los sujetos que presentan una mordida cruzada unilateral, aumenta la actividad muscular a la altura del hueso temporal del lado opuesto que tiende a compensar que la mandíbula se desvíe hacia ese lado en reposo.

La mandíbula se puede relajar, se puede trabajar, fortalecer, masajear, cuidar y observar con el mismo esmero con que tratamos cualquier otra articulación esencial. Y si eres de las personas que practican meditación o técnicas de relajación, te invitamos –si no lo haces ya– a que observes tu mandíbula en reposo y descubras el enorme campo de placer que podemos encontrar en ella.

La mandíbula no solo es fascinante, también es absolutamente esencial para nuestro día a día. Es una articulación siempre dispuesta a la actividad y si se resiente por algún factor las molestias suelen ser enormes. De hecho, cualquier problema de mandíbula enseguida genera un detrimento en nuestra normalidad. Si notas alguna molestia en tu mandíbula, alguna sensación inusual o molestia, no dudes en venir a visitarnos. En nuestra clínica podemos hacerte un diagnóstico que nos permita saber qué está pasando.

¿SUFRES DOLOR DE MUELAS?

Por lo general se describe como uno de los dolores más intensos que se pueden experimentar.

«Peor que un dolor de muelas» se suele decir. Los que tienen la suerte de no haber pasado por ese trance, realmente no saben la suerte que tiene. 

El dolor de dientes o de muelas aparece sin avisar para complicarnos la vida y arruinar todos nuestros planes. De hecho, cuando se presenta en lo único que solemos pensar es en venir a la clínica y en mejorar nuestros hábitos radicalmente.

El dolor de muelas o de dientes es sorprendentemente  común y se suele localizar en la mandíbula, aunque tiene tendencia a extenderse por el resto de la cara, los oídos, y hasta la cabeza. Si aparece, aquí nos tienes para tratar de localizar lo antes posible de dónde procede y cuál es el tratamiento que hará que sientas alivio inmediato.

El dolor de muelas suele estar asociado a malos hábitos de higiene bucodental, aunque  a  veces está causado por el desgaste natural de los dientes y la retracción de la encía. Esto merma las capas de protección de los dientes afectando a la pulpa, capa profunda que alberga los nervios.

Saber por qué duele es esencial para mitigar el dolor y combatir el problema. Además, si no se actúa rápido, existe el riesgo de que el dolor se extienda.

Si el dolor lo está provocando una caries, el tratamiento a seguir es el empaste. Si se  trata d e una caries muy  profunda, la solución pasa por la endodoncia. Si la caries duele y duele y no es tratada, a parte del insoportable dolor ponemos en riesgo los dientes de al lado y las propias piezas dentales afectadas. ¡Podemos llegar a perder los dientes picados!

Si el dolor lo está provocando una gingivitis, es decir, si la causa está en la encía, en los casos más extremos podemos llegar a necesitar  la extracción del diente. Pero para ello debemos haber detectado inflamaciones, sangrados, movilidad del diente… La gingivitis también es una enfermedad provocada por los malos hábitos de cepillado. Es el resultado de un exceso de placa bacteriana. Y  si no se trata  a tiempo puede devenir periodontitis, lo que afecta directamente al hueso.

El bruxismo también provoca dolor de muelas. Ya sabéis, la fuerza que hacemos al apretar los dientes unos contra otros consciente o inconscientemente. Lo provoca el estrés, anque también ciertos desviamientos de nuestra disposición dental, y se trata cambiando los hábitos además de con férulas de descarga.

Por supuesto, un traumatismo también puede ser la causa de un dolor dental. A veces  puede que una fisura imperceptible sea el origen del problema. O bien,  el dolor lo puede  causar la erupción de las muelas de juicio.

Existen otras causas, como la hipersensibilidad provocada por la exposición de las raíces. Este dolor es fácilmente localizable porque suele estar asociado al roce o a cambios de temperatura.

El flemón también es muy doloroso. Técnicamente  se le denomina absceno dental, y se producen por la proliferación de bacterias en la pulpa del diente, es decir, dentro. Esas bacterias  terminan por causar infecciones, inflamaciones, y un dolor… sencillamente horripilante.

Algo parecido aunque diferente es la pulpitis, es decir, la inflamación de la pulpa dental. Pero el dolor también lo puede provocar un problema en la propia articulación de la mandíbula.

Como veis hay muchos escenarios diferentes para el dolor dental. Peor hay  algo que tienen en común todos, y es la necesidad de venir al dentista. Aquí valoraremos tu caso a conciencia y lograremos encontrar la solución que tanto necesitas. Seguro que después no te  olvidas de mantener a rajatabla tu higiene bucal.

¿QUÉ OCURRE CUANDO NO TE LAVAS LOS DIENTES?

Si eres de los que no se lava los dientes, este post te interesa.

El 12% de los españoles no se lava los dientes, o al menos no lo hace todos los días. Lo dice la encuesta realizada por el Consejo de Dentistas. Y aparentemente la razón es que no tenemos tiempo para cuidar de nuestra salud bucodental. Sin embargo los expertos opinamos que si se tuviera auténtico conocimiento de lo que implica no cepillarse los dientes, ese porcentaje caería drásticamente.

No cepillarse los dientes conlleva consecuencias muy negativas a medio largo pero seguras. En otras palabras, si no te lavas los dientes, antes o después, vas a tener problemas, problemas de salud dentro y fuera de la boca, problemas psicológicos, y  también problemas económicos.

De menor a mayor importancia, los primeros síntomas son acumulaciones de placa bacteriana en la boca, luego aparecen las primeras y pequeñas caries, seguidamente inflamaciones de encías, mal olor de aliento, tinción de los dientes, aparición de llagas, de sarro, de dolor,… mucho dolor –conviene recordar que pocos dolores son más agudos que el que se sufre cuando tenemos problemas en los dientes–, y seguidamente pérdida de agarre del diente, y con el tiempo la pérdida de los dientes en sí. Esto por no mencionar enfermedades a un nivel más general y por supuesto, la destrucción de tu imagen personal, un enorme descenso de tu autoestima, y un enorme gasto económico en dentistas.

Cepillarnos los dientes requiere entre 2 y 3 minutos de nuestro tiempo después de cada comida. La finalidad es eliminar los restos de comida que quedan atrapados en los huecos entre nuestros dientes y que nuestra saliva no es capaz de descomponer. Para una mayor eficiencia, después de cepillarnos, podemos usar hilo o seda dental, un irrigador dental, y un enjuague. Estos últimos métodos podemos reservarlos para la rutina doméstica nocturna, porque es durante las horas de sueño de la noche cuando la salud de nuestra boca sufre mayores ataques.

Este pequeño ritual no es un castigo ni una pesadez, ni mucho menos, es una inversión en tranquilidad, salud y belleza que además puede echarnos una mano a descender nuestros niveles de estrés. Y no llevará en ningún caso más de 10 minutos. Irnos a la cama con la tranquilidad de saber que nos acostamos con nuestra boca perfectamente limpia y sana puede empezar a convertirse en una pequeña fuente de tranquilidad, y en un hábito muy saludable que agradeceremos toda la vida. Y si además somos capaces de acudir al dentista una  vez cada seis meses para controlar que  está todo bien, entonces sentiremos que una parte esencial de nuestro cuidado personal está cubierto.

Disfrutar de una buena salud dental está al alcance de prácticamente todo el mundo. Ciertamente hay casos de enfermedades o patologías ocasionadas por factores que trascienden el cuidado diario, pero aún así, unos buenos hábitos diarios siempre contribuirán a minimizar los daños de cualquier enfermedad bucodental que podamos padecer. Y sinceramente, quizás una comida fuera de casa puede provocar que  nos saltemos un cepillado, pero casi siempre hay espacio y tiempo a lo largo del día para atender a la salud de los dientes.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que quienes sencillamente no practican el cuidado y cepillado diario varias veces al día son unos inconscientes y unos dejados, cuyos malos hábitos muy seguramente acaban manifestándose en otras muchas esferas de su cotidianidad más allá de su salud dental.

¿ESTÁS SEGURO DE QUE NO TE HUELE EL ALIENTO?

Poco se habla del mal aliento teniendo en cuenta lo común y lo desagradable que es. ¿Sabías que 1 de cada 4 personas sufren o sufrimos mal aliento? ¿Te has  planteado que puedas ser tú? Solo en una pesadilla alguien es capaz de imaginar que le rechazan socialmente por su mal aliento y sin embargo es algo muy real. Ahora en tiempos de pandemia contamos con la barrera de las mascarillas que en gran medida amortiguan el aliento de los demás, sin embargo, las mascarillas no siempre estarán ahí y  cuando desaparezcan de la cotidianidad volverán a aparecer los olores desagradables provenientes de las bocas en malas condiciones de higiene y salud. Del mal aliento apenas se habla a no ser que haya mucha confianza; nos da casi tanto pudor señalarlo en los demás como que nos lo señales a nosotros y no es mala idea cambiar el chip y pedir a nuestro círculo que sean rabiosamente sinceros cuando se trate de hablar del mal aliento.

Cuando hay halitosis o mal aliento suele ser señal de hay una deficiencia de higiene, aunque esta no es la única causa. Conviene recordar que nosotros no nos olemos el aliento, estamos inmunizados a él por pura costumbre, lo que hace que el reconocimiento externo sea valioso y/o peliagudo a partes iguales. Si llegamos saber que tenemos mal aliento, conviene tener presente  diferentes posibles causas para ver qué está ocurriendo:

Lo más normal es que haya restos de comida en descomposición que están provocando la emisión de olores desagradables, pero puede estar cursando una infección, puede ser causado por una inflamación de encías, puede ser debido al sarro acumulado desde hace tiempo considerable, la sequedad de boca también causa mal aliento, así como el tabaco, algunos medicamentos o ciertos comestibles de olor y sabor muy fuerte como el café o el alcohol. En todos los casos es algo que se puede consultar a nuestros dentistas para estudiar causas y salir al paso con soluciones efectivas. Un examen a fondo puede prescribirte por ejemplo un tratamiento de limpieza profesional con curetaje o raspado para eliminar sarro. Ojo porque puede que la causa de tu mal aliento sea un problema digestivo, en cuyo caso desde nuestras clínicas te recomendaremos acudir a otro tipo de especialistas.

Una buena solución pasa siempre por cuidar la higiene bucodental. Cepillarse frecuente y correctamente, el uso de seda dental, enjuagues, raspadores e irrigadores elimina en gran medida las causas de la halitosis. También ayuda mantener una dieta equilibrada libre de alimentos de sabores, olores o colores intensos, la buena y correcta hidratación, evitar los dulces,… Sin embargo, venir a visitarnos y hacernos la consulta es desde luego la mejor forma de atajar este problema. Nada como un diagnóstico profesional. Solo un dentista puede asociar un problema de halitosis con un diagnóstico más grave. Imagina que puedes estar sufriendo una hernia de hiato, diabetes, problemas de hígado,… causas pueden ser muchas y cuando se presenta conviene prestarle atención  e ir descartando posibles causas. Una buena pauta puede ser: mantengo una buena salud oral, visito a mi dentista cada 6 meses ¿y aún así me huele el aliento? Entonces no  hay que dudar el acudir a la clínica y explicar lo que está pasando.

No todas las halitosis son iguales, por supuesto. Ya hemos visto que puede haber muy diversas causas, y por ello también hay diferentes intensidades y patrones de presencia. Sin embargo el 90% de  los malos alientos están provocados por causas presentes en la boca y por lo tanto nuestra clínica debe ser siempre la primera opción en caso de padecerlo. Si resulta que sospechamos que podemos padecerlo, es porque seguramente lo padecemos y nuestro entorno ya hace tiempo que lo nota o lo sufre en silencio. Lo de masticar chicle, es una medida bastante poco eficiente ya que puede enmascarar los efectos pero nunca resolver la causa. Hay halitosis provocadas por muelas picadas, por la lengua, por encías en mal estado, pro procesos infecciosos… Y nada más levantarnos por la mañana suele ser el momento de máxima intensidad de la halitosis. Si no desaparece con una buena higiene, ya sabes. Y si dudas, pídele a alguien confianza que  te diga la verdad en cuanto al aroma de tu aliento, ¡rompamos ese tabú! ¡Es cuestión de salud!

¿TE SANGRAN LAS ENCÍAS?

Las encías sanas no sangran, y aunque los sangrados son muy comunes y por diversas causas, también son síntoma de que podemos mejorar nuestra salud bucodental.

Si te sangran las encías entonces tienes una buena razón para venir a vernos. No importa que sea durante el cepillado, al usar el hilo dental o esporádicamente. No tiene por qué se nada grave, pero tampoco es nada que merezca ser ignorado.

Normalmente las encías sangran por un exceso de placa bacteriana. Los restos de comida generan placa bacteriana que a su vez produce inflamación de encía y con ella sangrado. Este  sangrado se puede acentuar durante el cepillado y muy comúnmente  al utilizar hilo dental.  Para subsanar este problema, lo más recomendable es venir a  vernos, hacer un diagnóstico de la encía, llevar a cabo  una limpieza en profundidad y reexaminar los hábitos de higiene diaria.

No todos los sangrados están indicando lo mismo ni todas las enfermedades periodontales se encuentran en la misma fase. Como decíamos, las encías sanas no solo no sangran sino que es difícil que sangren. A medida que una enfermedad periodontal se complica, empieza a aparecer enrojecimiento, hinchazón, mal aliento, híper sensibilidad y finalmente dolor agudo. Si además notamos que las encías empiezan a retraerse, entonces sí  debemos considerar que tenemos un cuadro bastante complicado.

Aunque ojo, no hace falta alarmarse. Un cepillado brusco, una falta de vitaminas, cambios hormonales –por ejemplo durante el embarazo–, llagas, estrés, ciertas   medicaciones o problemas de coagulación también están en el origen de ciertos sangrados.  Existen otros problemas cuyos tratamientos son algo más complejos, por ejemplo, apiñamientos o malas oclusiones, en cuyo caso será necesario plantear una ortodoncia.

La mejor forma de acabar con los sangrados es extraer la placa acumulada mediante una limpieza profesional mediante ultrasonidos y frenar el avance cualquier posible infección. A veces hace falta hacer un raspado o pulido radicular. Una vez hecha esta limpieza, conviene usar cepillos suaves, cepillarse un par de veces al día, usar hilo dental, y  mantener buenos hábitos en general –plantéate dejar de fumar si es tu caso–.

Si ignoras los sangrados y la enfermedad periodontal avanza, podemos acabar encontrándonos con un una periodontitis irreversible, lo que  pone en riesgo grave el diente mismo. Y eso no va a quitarnos las ganas de sonreir.

Así que ya sabes, si notas que tus encías sangran, vente a vernos para que podamos devolverte las ganas de sonreír con toda tranquilidad.

PROPÓSITO 2021: CUIDADO DEL ESMALTE

Vislumbramos el final de las fiestas navideñas, y toca empezar a poner en orden las consecuencias de los excesos, sobretodo con la comida. Si bien proponerse cuidar la alimentación es siempre un buen propósito, poca gente hay que lo haga pensando además en sus dientes. En este punto conviene tener en cuenta que una gran parte de los hábitos que tenemos con la comida afecta directamente  a la salud de nuestros dientes, y más concretamente a nuestro esmalte dental. Por cierto, ¿tenemos claro de lo que hablamos cuando mencionamos el esmalte?

El esmalte es ni más ni menos que la capa que recubre los dientes, la última frontera que protege cada una de las piezas de nuestra dentadura, y además es el escudo más fuerte de cuantos dispone el cuerpo humano.

El esmalte está ahí para proteger los dientes, tanto de agentes bacterianos como de impactos y presiones ejercidas sobre ellos. Curiosamente es translúcido y está compuesto de un mineral biológico de gran dureza llamado hidroxiapatita  que –otra curiosidad– al microcopio se presenta como una especie de cristal de prismas hexagonales. Este portento de la naturaleza humana podemos considerarlo un regalo insustituible ya que el organismo no tiene la capacidad de regenerarlo cuando sufre algún daño y todos los intentos por remplazarlo solo lo han logrado recurriendo a sustancias mucho menos resistentes. Aún así, gracias a algunos avances odontológicos presentados en Japón por el científico Shigeki Hotsu podemos albergar la esperanza de contar algún día con recambios de nuestro esmalte compuestos de la misma hidroxiapatita.

A diferencia de lo que mucha gente cree, el esmalte no dota de ningún color al diente. Al ser este translúcido, lo que hace es mostrar la dentina que hay debajo, la capa inmediatamente inferior. Es la dentina la responsable del color de nuestros dientes.

Con el tiempo, y sobretodo debido a los malos hábitos y su constante exposición a determinados alimentos y bebidas poco recomendables (sobretodo las que tienen altas dosis de azúcar), el esmalte se empobrece, se desmineraliza, y con él empezamos a perder nuestra mejor defensa para unos dientes sanos y bonitos.

Teniendo en cuenta que el esmalte no se regenera, el mejor método para conservarlo es evitar en todo lo posible el consumo de azúcares, edulcorantes, bicarbonato, colorantes, conservantes, alcohol y ácidos dañinos. Si se presta  la ocasión, entonces la segunda mejor defensa del esmalte es el cepillado después de cada comida acompañado de irrigador y seda dental.

Cuando el esmalte se ha debilitado empieza a producirse hipersensibilidad y se dispara la posibilidad de caries.

Por otro lado hay alimentos capaces de frenar los efectos de la placa bacteriana sobre el esmalte, como, por ejemplo, el té verde y las verduras.  La saliva también es un a gran aliada contra las bacterias que atacan el esmalte.

Pero los enemigos del esmalte no solo se encuentran entre los alimentos. También hay  prácticas deportivas que atentan contra la integridad del esmalte. Por ejemplo, la natación. El cloro ataca el esmalte y un exceso de exposición al cloro puede desestabilizar nuestra salud bucal. Y por supuesto ¡el tabaco! que genera manchas y  debilita el esmalte.

Cuando el esmalte se debilita los dientes pierden su defensa ante la amenaza de las bacterias que se acumulan en los dientes. Las bacterias generan desechos ácidos que abrasan las capas inferiores del diente en dirección al nervio y en última estancia atentan contra la vida del propio diente. El esmalte débil se vuelve opaco, oscuro, desluce la imagen del diente, y además no es capaz de cumplir con su función defensiva.

Por todo ello, un excelente propósito de año nuevo es hacerse una limpieza profesional que elimine cualquier proceso activo que atente contra nuestro esmalte y volver a los buenos hábitos alimenticios que permiten recuperar la salud y la tranquilidad acerca del estado de nuestro esmalte.

¿DIENTES APIÑADOS?

Si tienes los dientes apiñados entonces seguramente en más de una ocasión has pensado en que no tienes una sonrisa bonita. Los dientes apiñados son sobretodo  un problema de salud ya que elevan las probabilidades de desarrollar caries y hasta enfermedades relacionadas con las encías, pero obviamente también afecta en gran medida a la estética. Hay quien desarrolla complejos o inseguridades por esta característica.

Cuando alguien tiene los dientes apiñados o amontonados resulta más difícil limpiarlos porque hay más huecos inaccesibles, y de ahí que haya ese aumento del riesgo de padecer caries o gingivitis. Simplemente hay más acumulación de placa bacteriana que no es removida.

Los dientes se apiñan sobretodo por causas  genéticas. Muchas veces el  tamaño del hueco y de los dientes no están en concordancia y eso provoca que los dientes que ocupan esos lugares estrechos se retuerzan para acomodarse. También ocurre por una pérdida prematura de los dientes de leche, por eso es tan importante cuidar la salud  de los dientes de leche. SI un  diente  de leche se cae antes de tiempo el espacio que deja para la erupción del diente definitivo es menor, y por lo tanto sale girado. Haber abusado del chupete, chuparse el dedo o morder cosas durante la tierna infancia también contribuye a presentar unos dientes apiñados. Dormirse con el chupete o el biberón puesto contribuye enormemente a esta mala disposición.

Para prevenir este apiñamiento lo idea es ir haciendo un seguimiento exhaustivo de la erupción de los dientes definitivos y también mantener los mejores hábitos posibles. Es en la infancia donde podemos atajar este problema.

Ahora bien, si ya tenemos los dientes apiñados, el tratamiento más efectivo es la ortodoncia, o bien invisible o bien los clásicos brackets. En ningún caso hay límite de edad para comenzar el tratamiento. En algunos casos de apiñamiento muy severo, se puede estudiar la posibilidad de extraer alguna pieza para generar espacio extra que luego compensar con implantes.

Unos dientes apiñados no solo son un problema para quien los padece, sino que desprende una sensación de mala salud. Esto no es algo cultural, sino biológico. En los dientes hay muchos indicios de la salud de un individuo y cuando vemos a alguien con los dientes mal, algo dentro de nosotros enseguida siente que la salud de esa persona no es la más elevada.

Si tienes los  dientes apiñados, te recomendamos hacernos una visita. Verás cómo te cambia la sensación cuando empieces a saber lo fácil que es poder disfrutar de una bonita y sana sonrisa. ¿Te animas?

¿ES HORA DE VENIR AL DENTISTA?

Si no has acudido en los últimos seis meses, desde luego la respuesta es sí. Seis meses es el plazo que solemos determinar como máximo entre revisiones para lograr ser efectivos en los tratamientos preventivos y mantener tu boca con buena salud. Si crees que debes esperar a sentir dolor o molestias de algún tipo lamentamos tener que decirte que estás equivocado. Lo ideal es que no llegues a sentir nunca molestias. La mayoría de problemas importantes relacionados con la salud bucodental se podrían haber atajado con una revisión preventiva a tiempo.

No obstante, hoy nos hemos propuesto elaborar una lista de afecciones que son señal inequívoca de que te toca llamarnos para pedir cita.

Lo primero son las encías. ¿Tienes las encías sanas? ¿Crees que no? Las encías son un excelente indicador de nuestro estado de salud bucodental. Si molestan, se inflaman, se enrojecen, sangran… entonces es que algo no va bien. Curiosamente hay  gente que convive con unas encías siempre sangrantes. ¡Cuidado! El sangrado puede ser señal de acumulación de sarro y por consiguiente gingivitis. En caso de no tratarse podemos estar poniendo en riesgo uno o más dientes debido a la periodontitis o piorrea.

¿Dolor? Puede ser una caries, una infección, un flemón, la erupción de una muela de juicio, una fractura o fisura… Nada suena demasiado bien, ¿verdad? Si sientes dolor, vente a que te hagamos una exploración; eso no puede ser. El dolor es el indicador de que algo no marcha como debería y tenemos que prestarle atención.

¿Molestias en la mandíbula? Otra  buena razón para  venir a vernos. En muchas ocasiones el dolor de mandíbula está asociado a fuertes dolores de cabeza o cervicales, desgaste de dientes, ruidos en la mandíbula, bloqueo en la articulación de la mandíbula, incluso retracciones en las encías y su origen suele encontrarse en el bruxismo. El bruxismo es el acto de hacer chocar o rechinar los dientes y se remedia con el empleo de férulas de descarga que eviten estar sometiendo nuestros dientes a una presión enorme e innecesaria.

¿Mal aliento? Al dentista. Es uno de los síntomas de una mala salud  bucodental. Puede haber en curso una  caries, una infección, una gingivitis… Es importante saber qué está pasando y qué hábitos debemos cuidar en extremos para no seguir reproduciendo la patología.

¿Hipersensibilidad?  Si al tomar algo frío o caliente notas un latigazo de dolor, es que tienes que venir a vernos. Seguramente tu esmalte está dañado, tienes alguna grieta, hay alguna afección de encía o un exceso de  desgaste de dientes está provocando molestias.

¿Manchas? Otra buena razón para ver qué está pasando. Las manchas pueden aparecer en la lengua, en los dientes, en las encías, en e paladar, en la cara interna de la mejilla. Mírate  siempre muy bien en casa, y cuando notes algo raro, ante  la primera duda, vente a visitarnos. Nos encanta saber que va todo bien.

¿Sufres habitualmente de llagas o aftas bucales? Si son muy comunes es que algo no va bien. Pregúntate si tus hábitos de higiene son completos y correctos y vente  a descartar males mayores.

¿Sientes tus dientes rugosos y que el cepillado diario no es capaz de eliminar acumulaciones de difícil acceso? Con toda probabilidad necesites una limpieza profesional. Ya sabes que recomendamos hacerla cada poco tiempo para lograr una  boca libre de  riesgo de caries.

Como ves, hay muchas maneras de evaluar nuestro estado de salud y muchas razones para venir a visitarnos. Estamos deseando volver a verte sonreír.

¿TIENES UN NUEVO EMPASTE Y NOTAS EL DIENTE HIPERSENSIBLE?

Es relativamente normal. Tras el tratamiento, el nervio se irrita levemente, precisa un pequeño tiempo de adaptación y durante algunos días puede sentirse cierta hipersensibilidad dental. Este efecto desaparece por sí solo. Aún así vamos a explicar algunos fundamentos.

Los empastes siguen siendo el tratamiento más común para la eliminación de caries dentales. Recordemos que las caries son patologías provocadas por la acumulación de bacterias en nuestra boca. Esos nichos bacterianos se alimentan de restos de alimento y dan lugar a procesos que atacan primero el esmalte dental y posteriormente las capas más profundas del diente. Si una caries no es frenada y  eliminada a tiempo puede poner en riesgo la propia vida del diente.  Para eliminarlas, no importa del tamaño que sean, acudimos al tratamiento con empastes.

Lo primero es vaciar y limpiar bien la cavidad que la caries ha provocado en el diente. Sanear el diente. Es un proceso indoloro debido al uso de pequeñas dosis de anestesia. A continuación, ese hueco es rellenado por composite, el material para empaste más utilizado en todo el mundo. El composite nos ayuda a rellenar el hueco provocado por la caries, sellarlo para que no vuelvan a aparecer focos bacterianos y recuperar la funcionalidad del diente.

En la actualidad los empastes están muy perfeccionados y un tratamiento puede pasar casi inadvertido incluso a nuestros ojos. El resultado debe ser siempre la total recuperación de la superficie coronaria del diente tratado. Ahora bien, los empastes conllevan un par de efectos secundarios.

En primer lugar, la sensación de la mordida puede sufrir ligeras alteraciones. Esto es debido a que de la noche a la mañana, el hueco que había provocado la caries y al cual nos habíamos acostumbrado es restaurado, y con él aparece una nueva superficie de mordida de la que hace tiempo que nos habíamos despedido. Un empaste está bien puesto cuando recrea perfectamente la superficie del diente deteriorado, y en ocasiones suele precisar reajustes en el pulido para acomodar perfectamente la mordida con su diente opuesto.

Un segundo efecto secundario es la hipersensibilidad. Tanto por la limpieza y vaciado de la cavidad ocasionada por la caries, como por su posterior tratamiento con composite, el nervio se ve afectado, se irrita, y durante los diez o quince días posteriores al tratamiento podemos –no siempre– sufrir ligera molestia o incluso dolor ante alimentos muy fríos o muy calientes, o roces.

Tanto la nueva sensación de la mordida como la hipersibilidad son efectos normales que desaparecen pasados unos días. Si por alguna razón te han hecho un empaste y pasados veinte días las molestias prevalecen, deberías venir a nuestra clínica a que examinemos qué está ocurriendo y devolverte  la tranquilidad.

¿TIENES LA MORDIDA CRUZADA?

A  modo introductorio, por ejemplo, lo normal es que los dientes de la llamada arcada superior sobresalgan por fuera o por delante de los de la arcada inferior. Si tu caso es al contrario, los dientes de abajo muerden por delante o por fuera de los de arriba, tienes una maloclusión. Pero vamos al principio.

Hablamos de mordida cruzada cuando los dientes de arriba se colocan en el interior del arco de dientes de la arcada inferior al morder. Técnicamente podemos  hablar de mordida cruzada anterior o posterior pero no entraremos ahora ahí. Basta con que nos quedemos con la idea de que los dientes al morder no encajan bien porque los de arriba caen en el interior de los de abajo. A veces lo provoca un solo diente, a veces es un problema que afecta a varios, puede que se vea afectado solo una parte de la boca o podemos tener cruzada toda la mordida.

Si resulta que se te  diagnostica mordida cruzada, lo primero de todo es examinar  el alcance de esta  maloclusión y diseñar un tratamiento lo más personalizado posible.

¿Qué provoca esta maloclusión? Hay varios orígenes. A veces ocurre que está todo bien, los dientes tienen buen tamaño y forma, pero resulta que se inclinan hacia dentro. Otras veces es una cuestión anatómica, el maxilar superior es más estrecho que la mandíbula. A veces se combinan ambos factores. Otras veces es consecuencia de una mala funcionalidad en la mordida. Y curiosamente puede ser un rasgo heredado, bien genético, bien por imitación de malos hábitos.

No tratar la mordida cruzada a tiempo puede provocar un crecimiento asimétrico crónico que acabe desembocando en una mordida cruzada del hueso prácticamente imposible de corregir. Y se trata con ortodoncia. No importa la edad. Cuanto antes se trate menos riesgo hay de deformación del hueso de la cara y la mandíbula.

Curiosamente es algo relativamente común en niños con huesos de leche y  no es preocupante. Es una consecuencia natural del proceso de cambio de piezas dentales que se corrige por sí solo con la erupción de los dientes definitivos.

la mordida cruzada puede detectarse a simple vista; es relativamente fácil ver a personas con los dientes  de abajo por delante  de los de arriba. Sin embargo es un problema que va mucho más allá de la apariencia estética. Una mordida cruzada puede ser responsable de una recesión importante de encías, pérdidas de dientes, desgaste  de dientes y  de esmalte, crecimiento asimétrico de la mandíbula y los huesos de la cara, y  problemas temporomandibulares que afectan a la estructura ósea general del cráneo.

Si tienes la mordida cruzada y nunca le has prestado la suficiente importancia, es momento de que te  pases a visitarnos. Te enseñaremos lo que podemos hacer por ti.